Omar Sánchez OMAR SÁNCHEZIGLESIAS Y MINISTERIOS
Comunidad · Ministerio · Servicio

Guerreros de Dios

UNA ETAPA DE LUCHA, APRENDIZAJE Y VICTORIA

Después de terminar nuestro tiempo de servicio en la Iglesia Nuevos Horizontes, el Señor permitió que comenzáramos una nueva etapa en nuestro ministerio. Fue entonces cuando mi esposa Nelly y yo emprendimos un nuevo proyecto de servicio: la fundación de la Iglesia Guerreros de Dios. Aquella iglesia representó un capítulo muy importante de nuestra vida pastoral, porque fue un lugar donde no solamente tuvimos la oportunidad de servir a Dios, sino también donde aprendimos mucho acerca de lo que significa llevar adelante un buen pastorado.

 

Fundar una iglesia representa asumir una responsabilidad que va mucho más allá de organizar reuniones. Significa trabajar con personas, conocer sus necesidades, acompañarlas en sus diferentes circunstancias, enseñarles la Palabra de Dios, orar por ellas y procurar que la congregación pueda crecer espiritualmente. En Guerreros de Dios mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de experimentar de una manera más profunda todas estas responsabilidades y de aprender mediante las diferentes situaciones que fuimos enfrentando durante nuestro servicio.

 

El nombre Guerreros de Dios terminó teniendo un significado muy especial para nosotros. No porque buscáramos una vida ministerial sin dificultades, sino porque durante aquella etapa enfrentamos numerosas luchas. Sentimos que existía una fuerte oposición espiritual contra el trabajo que estábamos realizando. Hubo momentos difíciles, situaciones que pusieron a prueba nuestra fe y circunstancias que nos exigieron permanecer firmes y continuar adelante.

 

Aquella experiencia nos enseñó que el pastorado no está formado únicamente por momentos de alegría, crecimiento y celebración. También existen temporadas en las que el ministro necesita mantenerse firme cuando aparecen dificultades. Hay momentos en los que es necesario continuar orando aunque las respuestas parezcan tardar, seguir enseñando aunque existan obstáculos y mantener la confianza en Dios aun cuando las circunstancias sean complicadas.

 

Durante nuestro tiempo en Guerreros de Dios aprendimos mucho sobre la responsabilidad de pastorear. Aprendimos a conocer mejor a las personas, a escuchar, a tener paciencia y a comprender que cada miembro de una congregación puede estar atravesando una situación diferente. También aprendimos que el pastor debe estar dispuesto a servir, no solamente desde el púlpito, sino también mediante la oración, el consejo, el acompañamiento y la atención a las necesidades de la comunidad.

 

Mi esposa y yo vivimos aquella etapa juntos. El ministerio pastoral no fue una responsabilidad que llevé únicamente de manera individual, sino una experiencia que compartimos como matrimonio. Servir juntos nos permitió apoyarnos mutuamente durante los momentos difíciles y también disfrutar juntos de las bendiciones que Dios permitió experimentar. Cuando surgían dificultades, podíamos animarnos uno al otro y recordar el propósito por el cual habíamos decidido servir.

 

Las luchas que enfrentamos también nos enseñaron a depender más de Dios. En ocasiones, las capacidades humanas parecen insuficientes frente a determinadas circunstancias. Es entonces cuando la oración adquiere una importancia todavía mayor. Aprendimos a presentar delante del Señor las situaciones que enfrentábamos, a buscar su dirección y a confiar en que nuestra fuerza no dependía exclusivamente de nosotros mismos.

 

Como su nombre lo indica, sentimos que aquella iglesia fue verdaderamente un lugar de batalla espiritual. El enemigo se levantó firmemente contra nosotros y contra el trabajo que estábamos realizando. Sin embargo, cada una de esas luchas se convirtió también en una oportunidad para fortalecer nuestra fe. No todas las batallas fueron fáciles, pero aprendimos a permanecer firmes y a confiar en el poder de Dios.

 

Hubo momentos en los que probablemente hubiera sido más sencillo desanimarse o pensar en abandonar. Sin embargo, decidimos continuar. Cada dificultad nos enseñó algo y cada prueba nos permitió adquirir una experiencia que posteriormente sería útil en otras etapas de nuestro ministerio. Lo que en determinado momento parecía solamente un obstáculo terminó convirtiéndose también en una oportunidad de aprendizaje.

 

En Guerreros de Dios comprendimos que pastorear requiere perseverancia. No siempre se pueden ver inmediatamente los resultados del trabajo realizado. Una enseñanza puede tardar tiempo en producir fruto, una persona puede necesitar años de acompañamiento y algunas situaciones pueden requerir numerosas conversaciones y oraciones antes de encontrar un camino de solución. El pastor debe aprender a trabajar con paciencia y confiar en que cada esfuerzo realizado con fidelidad puede tener consecuencias que quizá no sean visibles de inmediato.

 

También aprendimos que una congregación necesita dirección, pero al mismo tiempo necesita cuidado. Dirigir una iglesia no consiste simplemente en establecer actividades o tomar decisiones. El pastor debe procurar conocer a las personas que forman parte de la comunidad y comprender que detrás de cada rostro existe una historia, una familia, necesidades, luchas y aspiraciones. El liderazgo pastoral adquiere profundidad cuando la autoridad se combina con servicio y cuidado.

 

Nuestra experiencia en Guerreros de Dios también nos ayudó a comprender mejor la importancia del trabajo en equipo. Una iglesia no puede depender exclusivamente de una sola persona. Cada miembro puede aportar capacidades diferentes y participar de acuerdo con sus dones y responsabilidades. El pastor puede orientar y coordinar, pero el crecimiento de una congregación requiere la participación de muchas personas dispuestas a servir.

 

A pesar de las luchas que enfrentamos, también vivimos momentos de victoria. Cada vez que una dificultad era superada, podíamos mirar atrás y reconocer que Dios nos había sostenido. Por eso, cuando pensamos en aquella etapa, no recordamos solamente las batallas, sino también las victorias que experimentamos en medio de ellas.

 

Para nosotros, aquellas victorias fueron obtenidas en el nombre de Jesús. Nuestra confianza no estaba puesta exclusivamente en nuestra capacidad pastoral, en nuestros conocimientos o en nuestros propios recursos. En medio de las circunstancias difíciles aprendimos a reconocer nuestra dependencia del Señor y a confiar en Él. Cada batalla superada fortalecía nuestra convicción de que debíamos continuar sirviendo con fe y perseverancia.

 

Guerreros de Dios fue, por tanto, una escuela pastoral para nosotros. Allí aprendimos mediante la experiencia que el ministerio requiere preparación, sacrificio, paciencia, oración, responsabilidad y perseverancia. Aprendimos que no todas las etapas serán sencillas y que existen momentos en los que el pastor debe mantenerse firme aunque el camino se vuelva difícil.

 

Cuando recordamos aquella iglesia, también recordamos todo lo que Dios nos permitió aprender como matrimonio y como servidores. Fue una etapa que nos formó, nos fortaleció y nos preparó para continuar adelante. Las experiencias vividas allí dejaron enseñanzas que posteriormente pudimos llevar a otros lugares y utilizar en nuevas responsabilidades ministeriales.

 

El nombre Guerreros de Dios terminó convirtiéndose para nosotros en algo más que el nombre de una congregación. Representó una etapa de nuestra vida en la que tuvimos que aprender a luchar espiritualmente, a permanecer firmes y a confiar en Dios. Las batallas fueron reales para nosotros, pero también fueron reales las victorias. Y al mirar hacia atrás, podemos reconocer que cada lucha contribuyó a nuestra formación y que cada victoria nos recordó que no estábamos solos.

 

Así quedó escrita la historia de Guerreros de Dios dentro de nuestro ministerio: una iglesia que fundamos después de terminar nuestro tiempo en Nuevos Horizontes, un lugar donde mi esposa y yo servimos juntos y donde aprendimos profundamente acerca del pastorado. Fue una etapa de desafíos, pruebas y luchas, pero también de crecimiento, aprendizaje y victoria. Y por encima de todo, fue una etapa en la que aprendimos a mantenernos firmes, confiando en el Señor Jesucristo y avanzando en su nombre.

 

En esta iglesia se hizo la obra de Pastor al estar al frente de la congregación, además de Evangelista al evangelizar en las calles y las casas.

 

 

“Trabajando juntos en la obra de Dios”

Este directorio reúne la información proporcionada sobre las iglesias y ministerios, como referencia para la comunidad y el fortalecimiento de la comunión.

Apoya la obra

DONATIVOS

Si deseas apoyar este ministerio y contribuir a la expansión del Evangelio, puedes realizar tu donativo mediante PayPal o transferencia bancaria. Agradecemos profundamente tu generosidad y tu participación en la obra de Dios.

Donativo por PayPal

Cuenta luxorcorp@live.com.mx

Utiliza este correo electrónico como destinatario al realizar tu donativo por PayPal.

 

O haga clic en el siguiente enlace:


PayPal Me
= ¡Usted puede ayudarnos a ayudar a otros!

Cuenta bancaria Santander

Banco Santander
Nombre OMAR SANCHEZ
Tarjeta 5579 1003 5392 9027
Cuenta 014580568043585116

Gracias por sembrar con generosidad y ayudarnos a continuar sirviendo y trabajando juntos en la obra de Dios.